Jose Ezquerra
10/11/2019

Tradicionalmente, la asistencia prestada en los centros de mayores se caracterizaba por la uniformidad, desde un planteamiento asistencial que velaba por el bienestar de las personas atendidas, pero que no tenía en cuenta la individualización de sus gustos, preferencias, etc. El modelo de Atención Integral Centrada a la Persona supone una visión que reconoce la singularidad del ser humano y por tanto, en la base de un trato digno propone un enfoque basado en la diferenciación, el respeto a la autonomía (capacidad de elección), privacidad e intimidad, y potenciación de la independencia funcional de cada persona.

Esto supone un nuevo marco de relación en el que el individuo ya no se adapta al centro solamente, sino que el propio centro establece dinámicas que facilitan un proceso de adaptación y encuentro mutuo entre las personas usuarias, sus familias y la propia Institución. 

En torno a este nuevo modelo gira esta conversación con Jose Ezquerra, director de Servicios Sociales Aita Menni y de las Residencias y centros de Día Txurdinagabarri de Bilbao y Joxe Miel Barandiaran de Durango.

¿Qué beneficios obtienen las personas tratadas con este modelo de atención?

Podríamos enumerar muchos, pero básicamente se resumen en una mayor calidad de vida de las personas atendidas, con un grado mayor de bienestar fruto de la atención recibida, así con una mayor autoestima y sentimiento de pertenencia, consecuencia directa de la atención personalizada (basada en la escucha y respeto a sus necesidades y expectativas).

Asimismo, las familias, quienes muchas veces siguen teniendo sentimientos encontrados en relación a la situación de su familiar y la atención que recibe, experimentan un mayor nivel de confianza de la atención que se presta a su familiar, con un mayor grado de bienestar propio y de confianza en el centro.

Finalmente, los/as profesionales muestran un mayor grado de satisfacción con el trabajo que realizan, con un mayor sentimiento de autorrealización y desarrollo personal en el ámbito laboral.

¿Es posible esa personalización cuando los recursos de los centros son ajustados?

Una de las cosas que uno aprende cuando empieza a trabajar desde este enfoque, es que la atención individualizada muchas veces no supone más que pequeños cambios a nivel organizativo, e incluso muchas veces ni eso, sino en nuestra forma de proceder; pequeños cambios a nivel asistencial pueden conseguir un acercamiento individualizado que satisfaga las necesidades particulares de las personas atendidas.

¿Cómo se puede implantar esa dinámica de atención centrada en la persona?

La atención centrada en la persona es algo que ya se hace desde siempre en los centros e Instituciones. Siempre se funciona (dentro de una buena praxis) queriendo hacer el bien a las personas. Sin embargo, habitualmente las directrices van de arriba abajo y las mejoras se implantan de forma paulatina sin un orden establecido.

A este respecto parece necesario implantar un método que favorezca e impulse la implantación de este modelo de una forma estructurada. Desde Lares, después de consultar distintas fuentes y de realizar distintos procesos formativos, hemos decidido seguir a este respecto la metodología propuesta por Teresa Martínez Rodríguez, Psicóloga y Gerontóloga, profesional de referencia de este modelo. Ella propone una sistemática de evaluación de la institución acorde a distintos procesos clave y fruto de esta reflexión compartida es como cada centro puede encontrar su camino conjuntamente por parte de los profesionales, personas usuarias y familiares para conseguir acercar cada vez más la rutina asistencial a una forma de relación que tenga en cuenta las necesidades particulares y proyectos de vida de las personas atendidas y sus familias.

¿Cuáles son los mayores frenos?

El principal freno desde mi punto de vista está en el hecho de que las instituciones sociales o sociosanitarias, que atienden a personas en situación de dependencia, tienen una organización del trabajo que replica el modelo de las instituciones sanitarias, cuando los objetivos y el tiempo medio de estancia de unas y otras son completamente distintas. Los centros sociales o sociosanitarios por el contrario están destinados a facilitar una atención integral de la persona durante un tiempo prolongado, pasando a ser el nuevo “hogar” de la persona dependiente. Es por ello que aspectos relacionados con autonomía, privacidad e intimidad entre otros pasan a ser muy relevantes.

Otro tipo de resistencias probablemente se encuentran en nosotros/as mismos/as. En las propias instituciones, desde los estamentos directivos, pasando por los distintos profesionales ven todo tipo de inconvenientes a este sistema. Lo desconocido genera miedos y estos miedos pueden ser de todo tipo; desde los costes económicos asociados y la sostenibilidad de un sistema de estas características, pasando por el miedo al cambio de las condiciones laborales de los profesionales, el trabajo que ello puede suponer, y así un largo etcétera. 

Una vez iniciado el proceso unos miedos sustituyen a otros, pero el mayor freno lo protagoniza la asistencia diaria que hace muchas veces que sea difícil sacar tiempos específicos para un trabajo a este nivel. Muchas veces la mayor dificultad de los proyectos no está en iniciar el movimiento, sino en continuarlo.

Finalmente, una vez iniciado y puesto en marcha nos damos cuenta que se trata de un método de trabajo en el que la meta no se alcanza nunca, y uno puede caer en la desesperanza. Por ello es muy importante ponerse metas parciales y congratularse por lo conseguido, con el ánimo de seguir avanzando y reforzarnos de manera continuada.

Por todo ello, parece importante vencer resistencias iniciales mediante una formación participativa a distintos niveles, un proceso de empoderamiento de los/as propios/as profesionales, personas usuarias y familias.

Dentro de este marco asistencial, ¿qué es housing y qué tiene que ver con el modelo AICP?

El modelo Housing se inició hace tiempo y en Europa se encuentra más desarrollado en los Países nórdicos, Holanda, Reino Unido y Francia de manera principal.

Su filosofía es la de que la persona en situación de dependencia continúe viviendo de manera preferente en su vivienda y entorno habitual. 

Cuando esto no es posible propone distintas posibilidades de alojamiento que se asemejen lo más posible al concepto de hogar, cuidando a este respecto aspectos de espacios (lo más normalizados y hogareños posibles), así como facilitando al máximo la autonomía en las decisiones y la independencia y privacidad en la vida cotidiana. 

El protagonismo lo tienen por tanto las personas usuarias y sus familias, con un apoyo físico o localizable de distintos profesionales de atención sociosanitaria 24 horas al día; de esta manera las personas en situación de dependencia se benefician de los Servicios de un centro residencial tradicional, pero disfrutan de la libertad de vivir en un “hogar propio”.

Por tanto, suponen una aplicación práctica del modelo de ACP. En este sentido la meta de los centros Residenciales actuales debería ser el de reproducir en la medida de lo posible esta forma de relación y convivencia dentro de la propia Institución, con distintos niveles de implantación en función de las características de las personas atendidas.